Copa Mundial de la FIFA 2026: El formato de 48 equipos y lo que realmente cambia

La Copa Mundial de la FIFA 2026 marcará la reforma estructural más significativa en la historia moderna del torneo. Por primera vez competirán 48 selecciones nacionales en una fase final organizada por tres países anfitriones: Estados Unidos, Canadá y México. Esta ampliación no consiste únicamente en añadir más partidos; transforma las vías de clasificación, el equilibrio competitivo, la estructura comercial e incluso la gestión física de las plantillas. Con 104 encuentros en lugar de 64 y una fase de grupos rediseñada que conduce a una ronda eliminatoria de 32 equipos, la edición de 2026 representa un cambio estructural que influirá en el fútbol internacional mucho más allá de un solo verano.

De 32 a 48 equipos: reforma estructural del torneo

La ampliación de 32 a 48 equipos fue aprobada formalmente por la FIFA en 2017 y ajustada en 2023, cuando el organismo confirmó el formato definitivo: 12 grupos de cuatro selecciones cada uno. Los dos primeros de cada grupo, junto con los ocho mejores terceros, avanzarán a una nueva ronda de dieciseisavos de final. De este modo, cada selección disputará al menos tres partidos, evitando el modelo inicial de grupos de tres equipos que se había considerado anteriormente.

Como consecuencia, el torneo crecerá hasta 104 partidos a lo largo de aproximadamente 39 días. La fase eliminatoria contará ahora con cinco rondas en lugar de cuatro, aumentando el número total de encuentros decisivos. La final seguirá siendo un partido único, pero el camino para alcanzarla será más largo, lo que exigirá mayor profundidad de plantilla y una gestión física más precisa.

La distribución de plazas de clasificación también cambia de manera notable. La UEFA dispondrá de 16 cupos directos, la CAF de nueve (con uno adicional posible mediante repesca), la AFC de ocho, la CONMEBOL de seis, la CONCACAF de seis (incluyendo a los tres anfitriones) y la OFC tendrá una plaza garantizada. Esta redistribución incrementa la representación de África, Asia y Norteamérica, modificando el alcance global del torneo.

Equilibrio competitivo e integridad deportiva

Uno de los principales debates en torno a la ampliación se centra en la calidad competitiva. Algunos críticos sostienen que aumentar el número de participantes puede diluir el nivel de la fase de grupos. Sin embargo, los datos de los últimos torneos indican que la brecha competitiva se ha reducido a escala mundial. Muchas selecciones emergentes cuentan con futbolistas que compiten en las principales ligas europeas, lo que disminuye la diferencia que antes caracterizaba los partidos iniciales.

La mayor presencia de equipos africanos y asiáticos refleja la evolución demográfica y el desarrollo del fútbol en esas regiones. La inversión en academias juveniles, análisis de datos, ciencia del deporte e infraestructuras ha fortalecido su base competitiva. El Mundial de 2022 en Catar mostró esta tendencia, con Marruecos alcanzando las semifinales y varias selecciones consideradas inferiores derrotando a potencias europeas.

Al mismo tiempo, el nuevo formato introduce mayor complejidad estratégica. Con ocho terceros clasificados avanzando, los cálculos en la fase de grupos se vuelven más delicados. Las selecciones deberán equilibrar riesgo y prudencia, conscientes de que la diferencia de goles o el criterio disciplinario pueden determinar la clasificación. Esto incrementa la dimensión táctica en lugar de reducirla.

Consecuencias económicas y logísticas

La edición de 2026 será la primera Copa Mundial organizada por tres países. Los partidos se disputarán en 16 ciudades, con la mayoría celebrándose en Estados Unidos. Esta escala geográfica implica desafíos logísticos, como largas distancias de viaje y condiciones climáticas variadas. Algunas selecciones podrían afrontar vuelos internos de más de cinco horas, lo que requerirá protocolos avanzados de recuperación.

Desde el punto de vista comercial, la ampliación aumenta de forma considerable el potencial de ingresos. La FIFA prevé cifras récord en derechos de televisión y patrocinios, en parte debido a los 40 partidos adicionales respecto a 2022. Más selecciones participantes también significan audiencias televisivas más amplias y un mayor compromiso regional, especialmente en mercados futbolísticos en expansión.

No obstante, una mayor escala también implica mayores costes operativos. La coordinación de seguridad, transporte y gestión de estadios en tres jurisdicciones nacionales exige una cooperación sin precedentes. La infraestructura norteamericana —estadios modernos, redes de transporte consolidadas y amplia capacidad hotelera— facilita esta organización, aunque la complejidad es inédita en la historia del torneo.

Impacto en los jugadores y en el fútbol de clubes

Un torneo ampliado intensifica la carga física de los futbolistas de élite. Los internacionales ya compiten en ligas nacionales, torneos continentales y clasificatorias. La incorporación de rondas eliminatorias adicionales prolonga la exigencia para quienes alcanzan las fases finales. La rotación de plantilla será esencial, especialmente para las selecciones que dependen de un núcleo reducido de figuras clave.

Los clubes han expresado preocupación por la congestión del calendario. El torneo de 2026 finalizará poco antes del inicio de la preparación para la temporada 2026–27 en Europa. Continúan las negociaciones entre la FIFA, las confederaciones y las asociaciones de clubes en torno a mecanismos de compensación y protocolos de liberación de jugadores.

Al mismo tiempo, una mayor participación ofrece visibilidad a futbolistas de países en desarrollo futbolístico. Competir en el escenario mundial puede acelerar trayectorias profesionales y estimular el crecimiento de las ligas nacionales. Históricamente, un buen rendimiento en la Copa Mundial ha generado mayor interés en el mercado de fichajes y en la observación internacional.

Trofeo Copa Mundial

Política global del fútbol e implicaciones a largo plazo

La ampliación a 48 equipos responde también a decisiones estratégicas dentro de la gobernanza de la FIFA. Al aumentar el acceso, el organismo refuerza sus relaciones con asociaciones miembro fuera de Europa y Sudamérica, donde la representación era más limitada. Este cambio redistribuye oportunidades competitivas y consolida su base política global.

Para federaciones más pequeñas, una plaza garantizada puede representar una transformación estructural. La participación en el Mundial puede desbloquear financiación pública, nuevos patrocinadores e inversiones en programas de base. El impacto económico en los países clasificados a menudo trasciende el ámbito deportivo, influyendo en el turismo y la proyección internacional.

En la élite, las potencias tradicionales podrían afrontar un camino más exigente. Una fase eliminatoria más extensa incrementa la imprevisibilidad. Cada ronda adicional eleva la probabilidad estadística de sorpresas, lo que puede alterar jerarquías históricas. La gestión del torneo, la profundidad de plantilla y la capacidad de adaptación táctica serán factores decisivos.

Qué puede significar 2026 para el futuro del Mundial

El modelo de 48 equipos difícilmente será un experimento temporal. Si su ejecución resulta exitosa, definirá las Copas Mundiales durante las próximas décadas. El crecimiento comercial, la ampliación de audiencias y la representación geopolítica encajan con la estrategia a largo plazo de la FIFA.

Existen también implicaciones más amplias en el calendario internacional. Continúan los debates sobre la armonización entre el fútbol de clubes y el de selecciones. La edición de 2026 podría servir como prueba para futuras reformas, incluidos torneos ampliados a nivel de clubes y ajustes en las ventanas internacionales.

En definitiva, la Copa Mundial de 2026 no es solo una ampliación numérica. Representa una recalibración del acceso competitivo, la ambición comercial y la gobernanza global del fútbol. Si elevará el espectáculo deportivo o complicará el ritmo del torneo dependerá de su ejecución. Lo que sí es evidente es que el fútbol internacional no volverá a su modelo estructural anterior tras esta transición.